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Hay bastantes definiciones para aproximar el concepto de valor desde el punto de vista del consumidor, probablemente la más fría y científica sería aquella relacionada con las variables de precio pagado respecto al valor percibido, aunque ya en este último elemento intervienen otras sub-variables relacionadas con  aspectos subjetivos como imagen, gama, marca, en algunos casos dependientes del propio consumidor y otros relacionados con la competencia, incluido los productos o servicios sustitutivos. La relación precio con valor percibido da lugar a sensaciones de oportunidad, racionalidad de la compra o bien “mala compra”, respecto a las expectativas del cliente.

Pero el manejo de la descripción anterior, basada en precio, frente a expectativas y percepciones más complejas , no logrará convertir a los clientes en defensores y promotores de  nuestra marca, tampoco nos garantizará la tan buscada fidelidad de nuestros clientes. Para lograr la misma deberemos tocar un poco más el corazón de las personas o responsables de empresas que forman parte de nuestro público objetivo.

Haciendo un análisis de aquellos aspectos  que más pueden apoyar ese VALOR  e intentando simplificar hacia los más importantes, más allá de los intrínsecos que debe derivarse del producto o servicios respecto al precio, y que redundarán, de tener éxito, en la mejora de esa “fidelidad de actitud”, además del de repetición de compra. Entre ellos podemos encontrarnos unos pocos, pero poderosos, elementos que deben formar parte de nuestra personalidad frente al cliente: leer resto de artículo pulsando aquí.

(Con permiso de PCM (c). 5/9/2011)
La banca se enfrenta a un entorno económico complejo, que va a requerir de drásticas reducciones de costes y de aplicar medidas de mejora de eficiencia de forma urgente. A la hora de realizar este ejercicio se plantean varios dilemas, ya que recortes indiscriminados y cambios profundos pueden dañar gravemente la capacidad de generar beneficios cuando mejore el panorama económico.

Consideramos que reducciones de las partidas de gastos arbitrarias y simples, basadas en distribuir equitativamente el daño en toda la organización son insuficientes y muy peligrosas, pues contribuyen a mermar el músculo además de la grasa. Las organizaciones deben adoptar enfoques más estratégicos, considerando la reducción de costes como parte de una iniciativa más amplia y compleja, destinada a mejorar y estabilizar los niveles de eficiencia. Debemos encontrar un equilibrio entre medidas tácticas y de corto plazo, e iniciativas estratégicas que podrán colocarnos en posiciones mucho más sólidas para alcanzar eficiencia sostenible.

En el artículo elaborado por los especialistas de PCM ahondamos en las grandes oportunidades para estructurar las mejoras de eficiencia en base a una reducción inteligente de costes, que al mismo tiempo mejore la flexibilidad de la institución y refuerce la estrategia y el valor de cara al cliente final.

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